Mito y Rito

Nacido el Tenorio Mendocino entre amigos, aficionados y disfrutadores, nació ya convertido en rito; y ha logrado conservar gran parte de lo espontáneo, lo amistoso, lo tradicional.

Así, desde su nacimiento en el año 92, se han creado una serie de tradiciones internas no escritas, que tienen que ver con la transmisión oral: las fechas de reunión, la distribución de escenas, el propio montaje escénico,… están más allá de las personas que integran Gentes de Guadalajara.

Algo que forma parte importante de la filosofía del Tenorio Mendocino es que no se sacrifica la belleza del entorno, edificio, portada, ni su disposición natural, para conseguir mejor visibilidad o comodidad para el espectador; se renuncia así a parte de los elementos habituales de un espectáculo teatral: los escenarios elevados, los telares, las torres de iluminación, gradas,… Esto que puede parecer poco práctico, es en realidad la esencia. El lujo.

Aún buscando obviamente facilitar el disfrute del espectáculo, se renuncia a la cantidad por la calidad. Ofreciendo el espectáculo en su entorno ideal.

La puesta en escena de este tenorio supone la recreación del personaje literario, más que por la calidad literaria del texto que nos dejó José Zorrilla, por el tipo, la idea, el mito que se ha creado en torno a él.

Personaje literario español por excelencia, prototipo masculino (en su visión más simplista), no se puede negar que se ha convertido en un “tipo” en sí; investigado, parodiado, copiado,… siempre ha sido foco de interés. El texto, dejando a parte sus ripios, es delicioso en muchas de sus partes y en él confluyen pueblo, damas y caballeros, monjas, criados, apuestas, amor, espadas, ternura, condena y perdón, vivos y muertos… más que suficiente para entender el interés que a lo largo de la historia se la ha prestado.

Esto es lo que celebra este Tenorio Mendocino.